Sierra Pintada: el uranio vuelve a la agenda, pero la remediación será la llave para cualquier reactivación
La CNEA y autoridades de Mendoza avanzan en la remediación ambiental del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael, con el objetivo de comenzar el tratamiento del agua de cantera hacia fines de 2027. El sitio, considerado el mayor depósito de uranio conocido del país, vuelve a quedar en el centro de la discusión sobre minería, energía nuclear, pasivos ambientales y soberanía energética.
El uranio vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro de la agenda minera y energética argentina.
En Mendoza, el Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, ubicado en San Rafael, avanza en un proceso de remediación ambiental que podría abrir la puerta a una futura reactivación productiva. Pero el dato central es claro: antes de cualquier discusión sobre producción, el paso indispensable será ordenar los pasivos históricos del complejo.
Sierra Pintada fue la última mina de uranio que operó en la Argentina. Entre 1975 y 1997, el complejo produjo alrededor de 1.600 toneladas de uranio, en una etapa clave para el desarrollo del ciclo nuclear nacional. Desde entonces, la actividad quedó paralizada y el sitio pasó a formar parte de una discusión sensible: cómo remediar los pasivos ambientales y, al mismo tiempo, evaluar el potencial estratégico de un recurso que el mundo vuelve a mirar.
La Comisión Nacional de Energía Atómica considera a Sierra Pintada el mayor depósito de uranio conocido de la Argentina. Durante su operación, la extracción generó canteras agotadas, rocas estériles, materiales con bajo contenido de uranio y agua acumulada en contacto con zonas mineralizadas. Esa agua de cantera contiene elementos que deben ser tratados bajo estrictos estándares técnicos, ambientales y regulatorios.
Por eso, la Fase 1 del proyecto de remediación apunta al tratamiento del agua de cantera y a la gestión de residuos sólidos existentes en el complejo. Según la información oficial, las obras incluyen infraestructura con múltiples barreras de protección ambiental, cañerías de polietileno de alta densidad, diques impermeabilizados, sistemas de detección de fugas, plantas de tratamiento y monitoreo permanente.
El objetivo de la CNEA es comenzar con el tratamiento del agua de cantera hacia fines de 2027. Ese hito será clave para avanzar en la remediación y para ordenar cualquier discusión futura sobre el destino productivo del sitio.
La recorrida reciente de autoridades nacionales y provinciales volvió a poner el tema en agenda. El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, sostuvo que el mundo vuelve a mirar a la energía nuclear y que Argentina tiene una oportunidad para recuperar capacidades propias. Desde Mendoza, la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, remarcó la importancia de sostener la remediación y la coordinación entre Provincia y Nación.
La discusión no es menor.
Argentina cuenta con una larga trayectoria nuclear: centrales de potencia, reactores de investigación, producción de radioisótopos, medicina nuclear, capacidades científicas, regulación especializada y empresas vinculadas al ciclo nuclear. Sin embargo, la producción local de uranio se encuentra paralizada desde hace décadas, lo que obliga al país a depender de importaciones para abastecer parte de sus necesidades.
En un contexto global donde la energía nuclear recupera protagonismo por su capacidad de generar electricidad firme y de bajas emisiones, el uranio vuelve a ser un recurso estratégico. Pero esa condición estratégica no elimina las exigencias ambientales. Al contrario: las vuelve más importantes.
Sierra Pintada muestra con claridad el dilema de la minería moderna. Tener un recurso valioso no alcanza. Para hablar de reactivación hacen falta remediación, licencias, estudios ambientales, controles independientes, información pública, monitoreo, participación social y cumplimiento regulatorio.
La minería de uranio exige una sensibilidad especial. No solo por el tipo de mineral, sino por su vínculo directo con la cadena nuclear, la gestión de residuos, la salud pública y la confianza de las comunidades. En ese marco, cualquier avance deberá sostenerse sobre tres pilares: técnica, transparencia y licencia social.
La posibilidad de reactivar Sierra Pintada también se vincula con el debate minero más amplio que atraviesa Mendoza. La provincia viene discutiendo nuevos distritos mineros, el rol de Malargüe y la posibilidad de ordenar una minería metalífera bajo reglas específicas. En ese contexto, el uranio aparece como un recurso diferente, pero conectado a la misma pregunta de fondo: qué modelo de minería quiere construir Mendoza.
Para el país, la cuestión también tiene una dimensión de soberanía energética. Volver a producir uranio en territorio argentino permitiría recuperar una capacidad histórica, reducir dependencia externa y fortalecer una cadena tecnológica que el país conoce desde hace décadas. Pero esa oportunidad solo será sostenible si se resuelve primero la deuda ambiental.
La remediación, entonces, no es un trámite previo. Es la condición de posibilidad.
Sin remediación, no hay confianza. Sin confianza, no hay licencia social. Sin licencia social, cualquier intento de reactivación queda condicionado desde el inicio.
El caso Sierra Pintada también deja una enseñanza para otros minerales estratégicos. La nueva etapa minera argentina deberá demostrar que puede producir, pero también que puede hacerse cargo de sus pasivos, comunicar con precisión, monitorear con datos y construir acuerdos duraderos con las comunidades.
El uranio puede volver a ser parte del mapa minero argentino. Mendoza tiene un activo geológico de enorme importancia. La CNEA cuenta con conocimiento técnico acumulado. La energía nuclear vuelve a ganar relevancia global. Y la Argentina necesita discutir cómo abastecer su propio ciclo nuclear.
Pero el camino empieza por San Rafael, por el agua de cantera, por las obras de remediación y por la capacidad de demostrar que el Estado puede gestionar con responsabilidad un pasivo ambiental histórico.
Sierra Pintada no es solo una historia del pasado minero argentino.
Puede ser una prueba para el futuro: si Argentina quiere recuperar recursos estratégicos, primero deberá mostrar que sabe ordenar sus pasivos, cumplir sus controles y construir confianza pública.
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