Del Pacífico a la cordillera: Techint llevó agua desalinizada a una mina de Codelco y marca una tendencia para el cobre argentino
El agua desalinizada ya llegó a Radomiro Tomic, una de las operaciones de cobre de Codelco en el norte de Chile. La obra, ejecutada por Techint para el proyecto SADDN, incluye una planta desalinizadora, más de 160 kilómetros de ductos, estaciones de bombeo y un sistema capaz de elevar agua desde la costa del Pacífico hasta más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. El hito confirma una tendencia clave para la minería de cobre: el futuro de los grandes proyectos también dependerá de infraestructura hídrica.
El agua llegó a la mina
Techint alcanzó un nuevo hito en Chile: el agua desalinizada ya llegó a la división Radomiro Tomic, una de las operaciones de cobre de Codelco en la Región de Antofagasta.
El avance forma parte del Proyecto Suministro de Agua Desalinizada Distrito Norte, conocido como SADDN, una de las obras de infraestructura hídrica más relevantes de la minería chilena.
El proyecto fue desarrollado para Aguas Horizonte y busca abastecer con agua industrial desalinizada a tres operaciones estratégicas de Codelco: Radomiro Tomic, Chuquicamata y Ministro Hales.
El objetivo es reducir el uso de aguas continentales en una de las regiones más áridas del planeta y asegurar el suministro hídrico para la producción de cobre.
Una obra de ingeniería para la minería del cobre
La escala del proyecto muestra hacia dónde va la minería de gran porte.
SADDN contempla una planta desalinizadora mediante tecnología de ósmosis inversa en la costa del Pacífico, un sistema de captación e impulsión de agua, más de 160 kilómetros de tuberías de 48 pulgadas, tres estaciones de bombeo, cinco subestaciones eléctricas y una red de distribución hacia las operaciones mineras.
El sistema está diseñado para producir hasta 840 litros por segundo de agua desalinizada en su primera etapa.
Pero el desafío no es solo desalinizar.
El verdadero salto de ingeniería está en transportar ese volumen de agua desde la costa cercana a Tocopilla hasta la alta cordillera, superando los 3.000 metros sobre el nivel del mar.
Para lograrlo, el proyecto utiliza estaciones de bombeo escalonadas que elevan el agua por etapas hasta un gran reservorio de agua industrial, desde donde luego se distribuye a las operaciones de Codelco.
De la costa al desierto de altura
El recorrido del agua resume buena parte del desafío minero andino.
La captación se realiza sobre el océano Pacífico. Desde allí, el agua ingresa al sistema de desalinización, es tratada por ósmosis inversa y luego impulsada hacia el interior del desierto de Atacama.
La primera estación de bombeo eleva el agua hasta unos 1.100 metros. La segunda la lleva otros 800 metros más arriba. La tercera permite alcanzar la zona de más de 3.000 metros de altura, donde se ubica la infraestructura de almacenamiento y distribución.
En términos mineros, no se trata solo de una obra hídrica.
Es una obra logística, energética, industrial y ambiental.
Transportar agua a esa escala requiere cañerías de gran diámetro, estaciones de bombeo de alta presión, subestaciones eléctricas, sistemas de control, obras civiles, mantenimiento permanente y una planificación operativa de largo plazo.
Por qué Chile avanza con agua de mar
Chile es el principal productor mundial de cobre y, al mismo tiempo, uno de los países donde el vínculo entre minería y agua se volvió más sensible.
Gran parte de sus operaciones cupríferas se ubican en zonas áridas o hiperáridas, donde el uso de aguas continentales genera presión sobre cuencas, comunidades y ecosistemas.
Por eso, la minería chilena viene avanzando en una transición hídrica: reemplazar progresivamente el uso de agua continental por agua de mar, desalinizada o impulsada directamente, según el tipo de operación.
El cambio no es menor.
La minería de cobre demanda grandes volúmenes de agua para procesos como molienda, flotación, transporte de pulpas, control de polvo y operación industrial. Además, la caída en las leyes de mineral obliga a procesar más material para obtener la misma cantidad de cobre fino, lo que incrementa las exigencias operativas.
En ese contexto, el agua de mar dejó de ser una alternativa marginal y pasó a convertirse en infraestructura estratégica.
Codelco, cobre y seguridad hídrica
Para Codelco, el proyecto SADDN es parte de una estrategia de sustentabilidad orientada a reducir la huella hídrica de sus operaciones del Distrito Norte.
Radomiro Tomic, Chuquicamata y Ministro Hales forman parte del corazón productivo del cobre chileno. Son operaciones de escala internacional, ubicadas en una región donde la seguridad hídrica es un factor crítico para sostener producción, permisos, continuidad operativa y licencia social.
La llegada de agua desalinizada a Radomiro Tomic no significa solamente que una cañería empezó a funcionar.
Significa que una parte de la gran minería chilena está cambiando su modelo de abastecimiento de agua.
En minería, el agua ya no puede pensarse como un insumo garantizado.
Debe planificarse, medirse, transportarse, reutilizarse, protegerse y explicarse.
Techint y una obra con lectura argentina
La participación de Techint también tiene una lectura directa para Argentina.
La compañía ejecuta en Chile una obra de alta complejidad técnica que combina ingeniería, construcción, montaje, ductos, energía, bombeo, desalinización y operación en condiciones extremas.
Ese conocimiento puede ser relevante para el ciclo de cobre que Argentina busca desarrollar durante la próxima década.
El país tiene una cartera de proyectos de escala internacional, especialmente en San Juan, Catamarca, Salta y Mendoza. Vicuña, Los Azules, El Pachón, Altar, Taca Taca y MARA aparecen dentro de la conversación sobre el regreso argentino al cobre.
Si esos proyectos avanzan, la infraestructura hídrica será uno de los grandes temas a resolver.
No habrá cobre de escala mundial sin caminos, energía, puertos, campamentos, proveedores, permisos y agua.
El espejo para San Juan y Catamarca
La experiencia chilena muestra un camino posible, aunque no necesariamente único: usar infraestructura de agua de mar para reducir la presión sobre fuentes continentales en zonas áridas.
En Argentina, el debate puede aparecer con fuerza en proyectos cordilleranos de San Juan y Catamarca, especialmente si la producción de cobre alcanza la escala que proyectan las compañías.
La discusión no será sencilla.
Llevar agua desde el Pacífico hacia zonas mineras argentinas implicaría acuerdos binacionales, permisos, infraestructura de gran escala, costos energéticos, trazados complejos, operación transfronteriza y coordinación entre empresas, provincias y Estados nacionales.
Pero el antecedente chileno ya muestra que la ingeniería existe y que la minería del cobre empieza a incorporar el agua desalinizada como parte de su arquitectura productiva.
La pregunta para Argentina no es solo si tiene cobre.
También es si tendrá la infraestructura necesaria para producirlo de manera sostenible.
Agua, licencia social y minería moderna
El agua es uno de los puntos más sensibles de cualquier proyecto minero.
No alcanza con decir que una operación usará tecnología moderna. Hay que demostrar cómo se abastecerá, qué fuentes utilizará, cuánto consumirá, cómo se monitoreará, qué impactos tendrá y cómo se protegerán los recursos de las comunidades y los ecosistemas.
Por eso, la desalinización aparece cada vez más en el debate minero.
No elimina todos los desafíos. Requiere energía, obras costeras, sistemas de descarga, monitoreo marino, bombeo, mantenimiento e inversión. Pero puede reducir la presión sobre aguas continentales y ofrecer una fuente industrial alternativa para operaciones de gran escala.
En regiones áridas, eso puede ser decisivo.
La minería moderna no se define solo por cuánto produce. También se define por cómo resuelve sus insumos críticos.
Y el agua es uno de los más importantes.
Una tendencia que puede cambiar la minería andina
La obra de Techint para Codelco muestra que la minería de cobre en la región andina está entrando en una etapa donde la infraestructura será tan importante como el yacimiento.
Durante años, la conversación minera se concentró en recursos, leyes, reservas, precios e inversiones.
Hoy hay que sumar otra capa: agua, energía, logística y tecnología.
Un gran proyecto de cobre no es solamente una mina. Es un sistema territorial completo.
Necesita caminos, plantas, ductos, líneas eléctricas, estaciones de bombeo, puertos, proveedores, centros de control, monitoreo ambiental y acuerdos con comunidades.
El caso SADDN permite ver esa complejidad en funcionamiento.
Agua del océano Pacífico, tecnología de ósmosis inversa, ductos de más de 160 kilómetros, estaciones de bombeo, subestaciones eléctricas y operaciones mineras a más de 3.000 metros de altura.
Esa es la escala de la minería que viene.
Conclusión: el cobre también se juega en la infraestructura
El hito de Techint en Chile deja una enseñanza para Argentina.
El futuro del cobre no dependerá únicamente de tener grandes recursos geológicos. También dependerá de construir la infraestructura que permita producir con seguridad, eficiencia y menor presión sobre los recursos hídricos continentales.
Chile ya está avanzando en esa dirección.
Argentina, que busca posicionarse nuevamente como país cuprífero, debería mirar esa experiencia con atención.
Porque el cobre argentino no se jugará solo en la montaña.
También se jugará en los ductos, en el agua, en la energía, en los caminos, en los permisos y en la capacidad de diseñar proyectos integrales desde el inicio.
La minería del futuro será más grande, pero también más exigente.
Y cada vez queda más claro que, para producir minerales críticos, primero hay que resolver infraestructura crítica.
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