La minería de yeso en Los Llanos riojanos consolida empleo local y producción de bajo impacto
Las canteras Elvira y Rafaela, ubicadas en el departamento Juan Facundo Quiroga, muestran el potencial de la minería no metalífera en La Rioja. El emprendimiento familiar genera empleo local, abastece a industrias nacionales y trabaja bajo un modelo productivo de bajo impacto ambiental, sin consumo de agua y con tareas de reacondicionamiento del terreno.
17 de mayo de 2026
La minería riojana no se expresa únicamente a través de grandes proyectos metalíferos o minerales estratégicos. En Los Llanos riojanos, la explotación de yeso empieza a consolidarse como una actividad productiva capaz de generar empleo local, movimiento económico y abastecimiento para distintas industrias del país.
Las canteras Elvira y Rafaela, ubicadas en la estancia Los Coloraditos, en la localidad de San Rafael, departamento Juan Facundo Quiroga, representan una experiencia de minería no metalífera a pequeña escala con impacto directo en la región. El proyecto es llevado adelante por la ingeniera Carolina Peñaloza y su familia, quienes desde hace años trabajan en el aprovechamiento del yeso como recurso mineral.
El proceso productivo comienza con la roturación del material mediante maquinaria hidráulica. Luego, el yeso es separado en distintos tamaños de acuerdo con los requerimientos de las empresas compradoras. Actualmente, la producción alcanza un promedio de cuatro camiones diarios de 30 toneladas cada uno, con destino principalmente a las provincias de Córdoba y San Juan.
El yeso extraído cuenta con niveles de pureza de entre 84% y 93%, lo que permite su utilización en distintas cadenas industriales. Entre sus principales destinos se encuentran la fabricación de placas de yeso, el uso agrícola para recuperación de suelos y la elaboración de cemento.
Uno de los aspectos más relevantes del emprendimiento es su impacto laboral. La actividad emplea a familias de la región, con seis operarios provenientes de San Ramón y Portezuelo, además de dos encargados oriundos de San Juan radicados en La Rioja. Todos fueron capacitados para el manejo de maquinaria y trabajan bajo el convenio colectivo minero.
El efecto económico también se percibe en localidades cercanas, donde el consumo cotidiano de los trabajadores dinamiza comercios y servicios. Este tipo de minería, aunque de menor escala que los grandes proyectos, muestra cómo la actividad puede generar arraigo, empleo genuino y movimiento productivo en zonas donde las alternativas económicas suelen ser limitadas.
En materia ambiental, las canteras cuentan con aprobación oficial de sus estudios de impacto ambiental por parte de la Secretaría de Ambiente provincial. La cantera Elvira obtuvo su habilitación ambiental en marzo, mientras que Rafaela recibió recientemente la aprobación correspondiente.
Según explicó Peñaloza, se trata de una actividad de bajo impacto ambiental, principalmente porque la explotación no requiere consumo de agua. Además, los residuos derivados de combustibles y lubricantes son gestionados mediante sistemas de contención específicos. Al finalizar la explotación de cada cantera, se realizan tareas de reacondicionamiento del terreno para restablecer las condiciones originales de la superficie.
Otro punto destacado es el relevamiento previo de la vegetación existente. Antes de iniciar los trabajos, se identifican especies protegidas, como el quebracho, y se delimitan las áreas aptas para explotación. Esta práctica permite ordenar la actividad y reducir impactos sobre el entorno natural.
La historia del emprendimiento tiene varias décadas. La familia Peñaloza adquirió la estancia Los Coloraditos en 1974, cuando detectó afloramientos de yeso en el terreno. Las primeras experiencias productivas comenzaron en 2004, mientras que desde 2014 se desarrollaron estudios geológicos y proyectos de aprovechamiento minero que permitieron consolidar la actividad.
El primer camión con yeso salió el 13 de septiembre de 2021, luego de que la familia estableciera un vínculo comercial con la empresa Sherpa durante la pandemia. Tras una etapa de alta demanda vinculada a la construcción, especialmente hasta 2023, el emprendimiento atravesó una desaceleración asociada al contexto económico nacional, pero actualmente se encuentra estabilizado y proyecta incorporar cuatro nuevos trabajadores.
El caso de Elvira y Rafaela muestra que la minería riojana puede tener múltiples escalas y formas de desarrollo. No toda actividad minera requiere grandes inversiones internacionales ni operaciones de alta complejidad. También existen proyectos familiares, locales y no metalíferos que pueden generar empleo, abastecer industrias, mover economías regionales y construir capacidades en el territorio.
Para La Rioja, el potencial de la minería no metalífera en Los Llanos abre una agenda complementaria al desarrollo de litio, cobre, oro u otros minerales estratégicos. Hacia la Ruta de los Caudillos hay presencia de laja, arcilla y yeso, mientras que en la zona de Chepes existen prospecciones de otros minerales.
La experiencia de Los Llanos confirma que el desarrollo minero también puede pensarse desde una lógica de cercanía: empleo local, bajo impacto, producción para la industria nacional, controles ambientales y oportunidades para comunidades del interior.
En un momento donde La Rioja busca construir una política minera de largo plazo, la minería de yeso aparece como un ejemplo concreto de cómo los recursos del territorio pueden transformarse en trabajo, arraigo y desarrollo productivo regional.
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