Gualcamayo va por un segundo RIGI: AISA Group proyecta otros USD 1.500 millones en San Juan
La compañía prepara una nueva presentación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones para expandir Gualcamayo como distrito minero de largo plazo. El Programa G50 apunta a sumar exploración, ampliar reservas, extender la vida útil de la mina y consolidar a San Juan como una de las provincias protagonistas del nuevo ciclo minero argentino.
Gualcamayo vuelve a posicionarse en el centro de la agenda minera argentina.
AISA Group, controlante de Minas Argentinas, prepara una nueva presentación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones por alrededor de USD 1.500 millones para ampliar el desarrollo del distrito minero Gualcamayo, en San Juan.
La iniciativa, denominada Programa G50, busca complementar el primer RIGI aprobado para el Proyecto Carbonatos Profundos y llevar a Gualcamayo hacia una nueva etapa de exploración, reposición de reservas y crecimiento de largo plazo.
El anuncio marca un cambio de escala para una operación histórica de la provincia. Gualcamayo, ubicada en el departamento Jáchal, pasó de ser una mina con horizonte de declive a convertirse en una plataforma de expansión minera, con nuevos targets, exploración brownfield, desarrollo subterráneo y potencial para sostener actividad durante décadas.
El primer RIGI de la compañía contempla una inversión de USD 665 millones para Carbonatos Profundos, un cuerpo mineralizado ubicado debajo de las antiguas zonas productivas de la mina. Ese proyecto incluye el desarrollo de una nueva etapa productiva y una planta de tratamiento asociada, con el objetivo de extender la vida útil del yacimiento y aumentar el perfil exportador.
Ahora, el Programa G50 apunta a ir más allá de ese primer paso.
La estrategia plantea una exploración distrital intensiva para ampliar el inventario de recursos, incorporar nuevas onzas al perfil productivo, fortalecer la cartera de proyectos operativos y aprovechar el potencial de una propiedad minera de gran escala.
Según la información difundida por la empresa, Gualcamayo cuenta con una concesión minera de alrededor de 38.000 hectáreas, con áreas de potencial aurífero y también oportunidades vinculadas a metales industriales. La idea central es dejar de mirar Gualcamayo como una sola mina y empezar a pensarlo como un distrito minero.
Ese enfoque es relevante para San Juan y para la minería argentina. Las operaciones maduras suelen enfrentar el desafío de reponer reservas, sostener empleo, actualizar tecnología y encontrar nuevos cuerpos mineralizados que permitan extender su vida útil. En ese sentido, Gualcamayo se convierte en un caso testigo: cómo una mina que parecía acercarse al final puede reconfigurarse a partir de inversión, exploración y estabilidad normativa.
La decisión de avanzar con un segundo RIGI también confirma el peso que está tomando el régimen dentro de la minería. El RIGI se transformó en una herramienta clave para proyectos de gran escala, especialmente en cobre, litio, oro y plata, donde las inversiones requieren largos plazos de maduración, reglas estables, financiamiento internacional y previsibilidad fiscal.
San Juan aparece como una de las provincias más activas dentro de ese mapa. A los proyectos de cobre de escala internacional se suman iniciativas auríferas como Gualcamayo y Veladero, que sostienen empleo, proveedores, infraestructura y exportaciones.
Para MineriAR, este punto es central: el impacto del RIGI no debe medirse solamente por el monto anunciado, sino por su capacidad de convertirse en obras, empleo local, proveedores sanjuaninos, infraestructura, tecnología y desarrollo territorial.
En el caso de Gualcamayo, la oportunidad puede tener varias capas.
Por un lado, la continuidad productiva de una mina histórica. Por otro, la posibilidad de incorporar nuevas reservas y ampliar la exploración en un distrito con potencial. También aparece la oportunidad de fortalecer proveedores locales, servicios técnicos, transporte, mantenimiento, construcción, energía, ambiente, seguridad y empleo calificado en Jáchal y otras zonas de influencia.
La minería moderna necesita cada vez más planificación de largo plazo. No alcanza con extraer recursos existentes: hay que reponer reservas, invertir en tecnología, mejorar procesos, reducir riesgos, sostener estándares ambientales y construir una relación sólida con las comunidades.
El Programa G50 va en esa dirección. Propone mirar Gualcamayo no como una operación aislada, sino como un activo estratégico que puede seguir generando actividad para San Juan si se sostienen las condiciones de inversión y exploración.
También refuerza una tendencia nacional: el oro sigue siendo un mineral clave para las exportaciones mineras argentinas, aun cuando la agenda pública esté más concentrada en el litio y el cobre. Las operaciones auríferas continúan siendo relevantes para generar divisas, empleo directo e indirecto y actividad económica en provincias mineras.
La presentación de un segundo RIGI por parte de AISA Group también llega en un momento donde las empresas buscan asegurar marcos de estabilidad para avanzar con inversiones de largo plazo. La minería exige capital intensivo, tecnología especializada, permisos, infraestructura y capacidad de ejecución. Por eso, cada decisión de inversión depende de la combinación entre potencial geológico, precio internacional, seguridad jurídica y condiciones macroeconómicas.
Gualcamayo muestra que la Argentina no solo tiene oportunidades en nuevos proyectos. También puede tenerlas en la reactivación y expansión de operaciones existentes.
Ese punto es importante para el futuro del sector. Las minas maduras pueden convertirse en nuevos distritos si existe exploración, financiamiento, tecnología y una estrategia capaz de mirar más allá del ciclo inmediato de producción.
Para San Juan, el nuevo plan de AISA Group suma otro capítulo a una agenda minera que ya combina cobre, oro, proveedores, empleo y formación técnica. Para la Argentina, confirma que el RIGI empieza a ordenar decisiones de inversión en activos que pueden tener impacto exportador durante décadas.
El desafío, ahora, será que el anuncio avance hacia una presentación formal, aprobación, ejecución y resultados concretos en territorio.
Si el Programa G50 logra consolidarse, Gualcamayo puede dejar de ser solo una mina histórica para convertirse en un distrito minero de largo plazo.
Y ese cambio resume uno de los grandes desafíos de la minería argentina: transformar potencial geológico en inversión real, empleo sostenido y desarrollo para las provincias.
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