Glencore proyecta iniciar la producción de Agua Rica en 2032 y Catamarca se prepara para volver al cobre
La compañía prevé poner en marcha el proyecto Agua Rica hacia 2032, dentro de una estrategia que incluye primero la reactivación de Bajo La Alumbrera en 2028. El esquema permitiría aprovechar infraestructura existente, reentrenar fuerza laboral, fortalecer proveedores y posicionar a Catamarca como una de las provincias clave del nuevo ciclo cuprífero argentino.
Catamarca vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del cobre argentino.
Glencore proyecta iniciar la producción del yacimiento Agua Rica hacia 2032, como parte de una estrategia escalonada para desarrollar sus principales activos cupríferos en el país. El plan incluye primero la reactivación de Bajo La Alumbrera, prevista para 2028, y luego el avance de Agua Rica dentro del Proyecto Integrado MARA.
La hoja de ruta marca un dato relevante para la minería argentina: el regreso del cobre podría empezar por Catamarca.
Argentina no produce cobre a gran escala desde el cierre de Bajo La Alumbrera en 2018. Por eso, la posible reactivación de Alumbrera y el posterior desarrollo de Agua Rica aparecen como movimientos estratégicos para que el país vuelva a participar de un mercado global marcado por la transición energética, la electrificación, los centros de datos, la inteligencia artificial y la demanda creciente de minerales críticos.
Según explicó Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore Argentina, la compañía busca avanzar en una secuencia de proyectos que permita aprovechar infraestructura existente, capital humano y cadenas de proveedores. En ese esquema, Alumbrera funcionaría como plataforma productiva, operativa y logística para el posterior desarrollo de Agua Rica.
La decisión tiene lógica industrial.
Bajo La Alumbrera ya cuenta con infraestructura minera, experiencia operativa, conocimiento territorial y una red de servicios vinculados a una operación que fue histórica para Catamarca. Reactivar parte de esa capacidad permitiría reducir riesgos técnicos, poner nuevamente en marcha la planta concentradora, sostener infraestructura crítica y reentrenar fuerza laboral antes de avanzar hacia el desarrollo completo de Agua Rica.
El Proyecto Integrado MARA combina el yacimiento Agua Rica, ubicado en Andalgalá, con la infraestructura de Alumbrera. Esta integración es uno de los puntos que vuelve al proyecto especialmente relevante: no parte desde cero, sino que busca reutilizar activos existentes para desarrollar un nuevo ciclo cuprífero.
Agua Rica demandaría inversiones por alrededor de USD 4.000 millones y se ubica entre los proyectos de cobre más importantes de la Argentina. La producción media prevista para MARA supera las 200.000 toneladas anuales de cobre en concentrado durante los primeros diez años, con presencia también de molibdeno, oro y plata.
En paralelo, Glencore avanza con El Pachón, en San Juan, otro de los grandes proyectos cupríferos del país. La compañía presentó Agua Rica y El Pachón al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, con una inversión conjunta estimada en USD 13.500 millones para la próxima década.
La combinación de ambos activos puede cambiar la escala de la minería argentina. La propia empresa proyecta que, en los próximos 10 a 15 años, Glencore podría alcanzar cerca de un millón de toneladas de cobre anuales en el país, entre Agua Rica y El Pachón.
Ese volumen pondría a Argentina en una posición muy distinta dentro del mercado global del cobre. Hoy el país tiene proyectos de escala internacional, pero todavía no cuenta con producción activa de gran volumen. El desafío es transformar ese potencial en inversión real, producción, empleo, exportaciones e infraestructura.
Para Catamarca, Agua Rica representa mucho más que un proyecto minero.
Puede significar una nueva etapa de actividad industrial en el oeste provincial, con impacto sobre proveedores, contratistas, logística, transporte, mantenimiento, servicios técnicos, empleo calificado, formación laboral y desarrollo territorial.
La provincia ya viene consolidando su perfil minero a partir del litio, pero el cobre le permitiría diversificar su matriz y recuperar una tradición metalífera asociada a Alumbrera. Ese punto es clave: Catamarca no se explica por un solo mineral. Su mapa combina litio, cobre, oro, plata, molibdeno, rodocrosita y otros recursos que pueden fortalecer una identidad minera más amplia.
El desarrollo de Agua Rica también plantea desafíos.
La licencia social, el cuidado ambiental, la gestión del agua, la transparencia, la participación comunitaria y el desarrollo de proveedores locales serán condiciones centrales para que el proyecto avance con previsibilidad. En Andalgalá, la historia del proyecto y los debates sociales alrededor de la minería obligan a construir confianza, información pública y mecanismos de control participativo.
MARA sostiene que su modelo apunta al cuidado ambiental, el monitoreo transparente, el desarrollo de proveedores locales y la contratación y capacitación de fuerza laboral local. Ese enfoque será determinante para convertir el proyecto en una oportunidad compartida y no solo en una inversión de gran escala.
La minería moderna no se mide únicamente por toneladas producidas o dólares exportados. También se mide por lo que deja en el territorio: empleo, infraestructura, capacidades, proveedores, formación, tecnología y diálogo social.
En ese sentido, la secuencia Alumbrera-Agua Rica puede convertirse en un caso testigo para la Argentina.
Si la reactivación de Alumbrera logra ordenar infraestructura, empleo y operación, y si Agua Rica avanza hacia 2032 con permisos, inversión y licencia social, Catamarca podría volver a ser una de las provincias protagonistas del cobre argentino.
El contexto global acompaña. La demanda de cobre crece por la electrificación, las energías renovables, la movilidad eléctrica y las nuevas infraestructuras tecnológicas. En ese escenario, Argentina tiene una ventana de oportunidad que no puede desaprovechar.
Pero el tiempo también importa.
Los grandes proyectos mineros requieren años de estudios, permisos, financiamiento, construcción y puesta en marcha. Por eso, definir una hoja de ruta con fechas, inversiones y etapas permite ordenar expectativas y preparar al territorio para lo que viene.
Agua Rica aparece así como una pieza central del futuro cuprífero argentino. No solo por su escala, sino porque puede demostrar que el país es capaz de recuperar producción de cobre, reutilizar infraestructura existente, atraer inversión internacional y construir una nueva etapa minera con participación provincial.
Catamarca ya conoce el cobre.
Ahora busca volver a producirlo, pero en una etapa distinta: con más demanda global, más tecnología, más exigencias ambientales y una necesidad mayor de que la minería deje valor local.
La proyección de Glencore hacia 2032 marca un horizonte. El desafío será convertir ese horizonte en desarrollo real para Catamarca y para la minería argentina.
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